Indiantown Spanish Seventh-day Adventist Church

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Pastor Rolando M González y familia
 
Hola, es un placer para mí poder servirte a través de este espacio. Junto a mi esposa Estrellita y mi hijo Rolandito nos gozamos en servir al Señor en este distrito del cual esta iglesia forma parte. Te invito a que te comuniques conmigo si tienes una necesidad especial en tu vida, estoy dispuesto a ayudarte; podemos orar juntos y buscar en la Palabra de Dios el mensaje que el Señor tiene para tí. Además, puedes hacer click en los títulos que aparecen debajo de acuerdo a lo que necesites para tu vida espiritual. Ahora quiero que me permitas compartir contigo esta breve meditación. Que Dios te bendiga abundantemente.
 

EL CAMINO A LA VIDA ETERNA
 
La Biblia nos narra el encuentro que tuvo Jesús en la región de Judea con un joven príncipe, quien ansiaba ardientemente conocer cuál era el camino a escoger para tener vida eterna.  Este joven había permanecido dentro de la multitud, que observaba como Jesús bendecía con solicitud a los niños que eran traidos por sus madres a él. Mientras le contemplaba  tocando con sus manos amorosas a los pequeños, había sentido en su corazón un intenso deseo de recibir también la bendición del Salvador, y un amor profundo hacia el Maestro comenzó a latir en su pecho. Una vez que Jesús terminó de bendecir a los niños, se preparó para seguir su camino, pasando bien cerca del joven de esta historia. Este, sin poder contenerse, corrió detrás del Salvador, y postrándose ante él, preguntó: "Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna" (Mateo 19: 16-22). Para el judío ortodoxo, sólo existía una manera de poder ser salvos, y esta era obedeciendo fielmente los principios de la Torah, o sea, de la ley de Dios. Este joven había sido educado por los rabinos siguiendo ese principio teológico erróneo conocido entre los círculos cristianos como el principio de la "salvación por las obras". Conociendo esto, Jesús abordó al joven en su mismo terreno, respondiendo: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos"; y a la pregunta del joven sobre cuáles debía guardar, el Señor le enumeró los principios de la ley que regulan la relación correcta que se debe tener con el prójimo. A manera de paréntesis, es bueno aclarar de que la santa ley de Dios, que puedes leer en Exodo 20: 1-17, fue escrita por el mismo Dios en dos tablas de piedra, y entregadas a Moisés durante su entrevista con el Todopoderoso en el monte Sinaí (Exodo 31:18). En la primera tabla estaban expresados los cuatro primeros mandamientos que, al obedecerlos, muestra el hombre su amor y respeto a Dios; mientras que en la segunda tabla, se encontraban los seis restantes mediante los cuales, el hombre expresa su amor por el prójimo. Es por ello que Jesús resumió la ley en dos grandes principios, que son: Amor a Dios sobre todas las cosas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:34-40) El lenguaje usado por Jesús con el joven príncipe resultó familiar a sus oídos, por lo que no vaciló en contestar: "Todo esto lo he guardado. ¿Qué más me falta?". Si puedes leer entre líneas, te darás cuenta que con esta pregunta significativa, nuestro querido joven había declarado ante una gran multitud el rotundo fracaso del legalismo judío como medio de salvación. Al igual que otros hombres ilustres y piadosos de su época, este joven había descubierto que a pesar de su rigurosa obediencia a la ley, su corazón estaba vacío, y su alma clamaba por el agua de vida que pudiera satisfacer su sed de vida eterna. Lamentablemente, hoy muchos, al igual que este joven, piensan que para alcanzar el Cielo deben realizar algún sacrificio, o portarse bien a fin de que Dios tenga misericordia de ellos. Son muchos los que se flagelan, los que hacen obras de caridad, o votos de pobreza para poder entrar un día en el ansiado Paraiso. No son las obras, querido amigo, las que nos permitirán un día vivir en la eternidad con Dios. La gran Tesis de la Salvación la encontramos en la declaración que Jesús mismo hiciera una noche a otro príncipe, que al igual que el joven rico, había descubierto que la obediencia rigurosa a la ley no había contribuido en nada a satisfacer su necesidad de vida eterna. Si, aquella memorable noche Jesús descorrió ante los nublados ojos de Nicodemo, el velo que cubría la mística escalera que unía al cielo con la tierra, al declarar: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él. no perezca, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16). La vida eterna no es "algo" que debemos alcanzar, sino "Alguien" a quien debemos aceptar, y ese alguien es Jesús, el Salvador del mundo. Muchas veces, durante su vida y ministerio, Jesús hubo de confirmar esta gran verdad. En ocasión de la última pascua que celebrara con sus discípulos en el aposento alto, dijo de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la VIDA; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6) Y más tarde aún, declaró mientras oraba por ellos: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). Pocos días después de haber ascendido al cielo, sus discípulos Pedro y Juan, quienes se encontraban predicando ardientemente en el nombre de Jesús, declaraban ante los atónitos ojos de los líderes religiosos que les habían apresado intentando sofocar su pasión por predicar en el nombre de su Maestro y Señor: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Mas, no fue otro sino el apóstol Pablo, víctima también del legalismo farisaico que había abrazado durante gran parte de su vida, quien definiera con claridad el papel que juega la ley de Dios en la vida del cristiano, fuera de los términos de la salvación, en su grandiosa tesis sobre la justificación por la fe, expuesta en su célebre Epístola a los Romanos; en la cual declara: "Porque por las obras de la ley ninguno será justuficado ante él, ya que por LA LEY SE CONOCE EL PECADO" -y entonces añade: "Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado...por medio de Jesucristo, por la fe, para todos los que creen en él". (Romanos 3: 20-22) Y yo exclamo a toda voz: ¡Amén! ¡Gloria a Dios!. Si, querido amigo, no es la ley el camino a la vida eterna, sino que la ley cumple el propósito de revelar el pecado en nosotros y hacernos sentir la necesidad de un Salvador que pueda "perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). No obedecemos para ser salvos, sino que porque somos salvos, obedecemos por amor al Salvador. Tal como el mismo Señor Jesús dijera: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). Por tanto, si eres de los que como el joven rico, has tratado de encontrar paz para tu alma y felicidad en tu vida tratando de ser bueno, de portarte bien, de hacer cosas que asombren a Dios o lo lleven a sentir compasión por tí, mira, no te digo que dejes de hacer cosas buenas, pero ven primero a Jesús y acéptale como tu Salvador personal, y entonces él mismo producirá en tí "el querer como el hacer, por su buena voluntad". Acepta el llamado que Jesús hiciera al joven príncipe: "Ven, sígueme". Que el Señor derrame sobre ti sus bendiciones y oro para que puedas aceptar su llamado y seguirle, entonces, serás heredero de vida eterna.

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